Últimos días «Eco de conciliaciones» de Flor Minor

"Caminante"

* Hasta el 8 de agosto continuará abierta a todo público la muestra Eco de Conciliaciones de la artista plástica Flor Minoren en la Bolsa Mexicana de Valores en la Ciudad de México.

La producción artística de Flor Minor (Querétaro, 1961) puede caracterizarse, en una mirada general, como una intensa mitografía personal en la que se funden los códigos y los poderes de las disciplinas más significativas del orden plástico del sistema del arte moderno y contemporáneo: dibujo, pintura, estampa y escultura.

La desaparición de una frontera precisa entre estas prácticas, no sólo genera un tipo integral de apariencia en las obras de la artista, sino que representa una elección seductora, afirmativa y consciente por parte de Flor, en términos de que si bien está dada -y disponible- una pluralidad de modalidades creativas en la actualidad y desde hace un siglo por lo menos (incluso más allá de lo “plástico”), también es necesario elegir una posición estética y discursiva para desarrollarla hasta las últimas consecuencias.

Eco de Conciliaciones reúne más de diez años de producción consistente y consumada. La narrativa propuesta en cada una de las piezas y secuencias de obra, presenta –en una recepción completa de la exposición- el aspecto de un cadencioso réquiem visual (y matérico) para la era industrial avanzada.

El motivo del cuerpo desnudo, rotundo, genérico y portentoso, característico del imaginario de Flor Minor, adquiere de nuevo la dimensión de un relato de filiación humanista, tramado desde la estética detentada por algunos neoexpresionismos en el ámbito postmoderno.

Asimismo, la pasión desmedida de la artista por la construcción de representaciones del cuerpo siempre en pos del hallazgo de un ritmo monumental, puede relacionarse con el legado de los artistas de la llamada Escuela Mexicana de la postrevolución; pero también, con aquél de varios de la escena europea del cambio del siglo XIX al XX y de la posterior Escuela de París.

Los personajes visibles en la obra de Flor Minor se construyen a sí mismos y entre sí: ése es el acontecimiento que ha sido figurado por la artista. A veces queda la impresión de que Flor ha creado un solo personaje innumerable, cuya presencia se repite modularmente, de manera que cumple un despliegue que es metáfora del devenir y de la existencia, lo mismo del sujeto individual que de la comunidad.

El discurso de Flor moviliza una meditación relevante acerca de las tecnologías del cuerpo. Lo asombroso es que los personajes de la constelación de obra -no sólo de la presente muestra, sino de toda la realización de la artista-, a su vez, están en trance: luchan y danzan en una especie de ceremonial. La visión de figuras fluyendo en un universo oceánico y maquínico revela un sentido trágico, que combina de manera maravillosamente ambigua con la experiencia de placer que deja esta producción.

Por un lado, la superficie resultante del proceso constructivo de esculturas, pinturas-dibujo y estampas, es siempre una configuración de un campo de cicatrices y marcas consecuentes con el culto de Flor por el dramatismo de la belleza que la ocupa. Por otro, el recurso de la pátina accidentada, el deslavado melancólico y el achurado como cartografía, juegan perfecto con las temáticas de la soledad espiritual y la existencia asumida en el sentido de una tarea ardua.

Al final, todo arroja una sensación extrañamente cercana a la testificación de la levedad: el cúmulo de movimientos registrados en la inmensa coreografía de las figuras, los impresionantes arreglos estructurales de cada composición, y la evidencia de tanta materialidad literal en el espacio de exhibición, operan en la sensibilidad y discurso de Flor Minor sólo para poner en escena la aparición de un jardín perceptual, colmado de sutilezas a propósito de la generación de la fuerza bajo el signo de la conciencia del ser.

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