Malaventura, de Michel Lipkes se estrena en la Cineteca Nacional

Después de exhibirse en la 2ª Semana de Cine Mexicano Independiente, la
ópera prima de Lipkes, que toma como punto de partida el recorrido de un
anciano por las calles de la ciudad para construir un retrato acerca de la
soledad, llega a las pantallas de la Cineteca y sedes alternas, Cinépolis
Diana y Universidad y Cinemanía.

Exhibida en Róterdam y en más de una decena de festivales nacionales e
internacionales, así como en la 2ª Semana de Cine Mexicano Independiente de
la Cineteca Nacional, donde viajó a Guadalajara, Monterrey, San Luis
Potosí, Tijuana y Cuernavaca e incluso a Centroamérica, la ópera prima de
Michel Lipkes, se estrena en la Cineteca y sedes alternas, Cinépolis Diana
y Universidad y Cinemanía el próximo viernes 18 de octubre.

Egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica, Lipkes, ha
incursionado en diversas áreas del séptimo arte, tanto en la realización
como en la programación, puesto que se ha desempeñado como programador de
destacados festivales como el Festival Internacional de Cine Contemporáneo
de la Ciudad de México y el Riviera Maya, además de colaborar como
programador invitado en algunos ciclos de la Cineteca.

Malaventura, su ópera prima, le ha significado un afortunado debut.
Ganadora de las menciones especiales de los jurados del Festival
Internacional de Cine de Morelia (2011) y del Festival Internacional de
Cine de Puebla (2012), el filme invita al espectador a emprender un viaje
misterioso y revelador por una vida muy particular.

De este modo, Lipkes registra el último día de existencia de un anciano
cuyo tiempo final transcurre en algunas de las zonas más sórdidas del
centro de la ciudad de México. De la mano de un actor no-profesional, Isaac
López, y de largos planos llenos de intensidad, donde un lento amanecer, un
viaje en metro o la función de un decadente cine porno, adquieren una
magnitud monumental, Lipkes construye un sólido relato acerca de la soledad
y de aquellos seres invisibles para la sociedad.

Las rutinas y su dialéctica con la ciudad, el ritmo lento y pausado del
anciano que armoniza con las secuencias largas y casi estáticas, en
ocasiones, hacen de Malaventura un fresco no sólo del ocaso de una vida,
sino también una radiografía de la ciudad y del mexicano, gracias a que la
cámara atestigua lo que sucede en las calles, puestos de tacos, y espacios
públicos de la cotidianeidad urbana.

En palabras del reconocido crítico Robert Koehler “Malaventura va más allá
del cine contemplativo tan de moda entre los cineastas mexicanos y
asiáticos para emprender un viaje existencial en donde las rutinas y sueños
del anciano logran desestabilizar al espectador”.

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