Resistencia zapatista cumple dos décadas

Subcomandante insurgente Marcos en Atenco
Subcomandante insurgente Marcos en Atenco

El pasado primero de enero se cumplieron 20 años de la resistencia zapatista en la que se han recordado a los combatientes caídos en 1994, ahora se recordó al gobierno federal, estatal y municipal que la lucha por los derechos indígenas de México se respeten al pie de la letra a través de los diferentes tratados internacionales y en leyes mexicanas. Sin embargo la incapacidad de quienes representan al Estado, son una pieza pequeña para resolver problemas emblemáticos históricos de los cuales los programas gubernamentales no cumplen con las necesidades básicas en regiones de nuestro país.

El reclamo zapatista es y seguirá siendo un jalón de orejas a todas las administraciones del país al exigir justicia social, educación, alimentación, trabajo, equidad, respeto a los derechos humanos, dignidad y soberanía a los pueblos indígenas y de quienes se han sumado a esta lucha durante años.

20 años se han quedado olvidados por los medios masivos de comunicación tras los intereses de los grupos negociadores de una supuesta paz, un movimiento que en las páginas de libros de texto gratuito han borrado para eliminar la memoria del pueblo insurgente, del pueblo que sólo pide lo básico, lo necesario de lo cual un gobierno, no importa quién lo represente, no sabe cómo resolver los problemas de una sociedad.

Quienes simpatizan por el movimiento seguramente llevarán a cabo el ideal de seguir luchando por lo que establece la Carta Magna; las nuevas generaciones que sólo escuchan hablar del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) sólo comentan el hecho como si fuese una experiencia de ficción mexicana, surrealista, de donde sólo puede llegar a demostrarse en una página de periódico del recuerdo.

No obstante las nuevas generaciones siguen creciendo sin historia real mexicana, esa de la cual se pueden rescatar grandes momentos para establecer un mejor gobierno y erradicar a todos aquellos vividores del Estado, a esos llamados legisladores que sólo se rolan los tiempos para seguir calentando las curules de las cámaras tanto de los estados como las del congreso de la unión, esos diputados y senadores sin memoria, sin valor para reclamar lo justo, sin capacidad para lograr acuerdos en beneficio de sus representados, el pueblo.

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