El niño y el mundo muestra el mundo moderno a través de la animación

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Alejada de los conflictos que afectan la sociedad de su país, la visión infantil de Cuca quizás no entienda de política y economía, pero su mundo sí se ve afectado por las secuelas de la explotación industrial, representadas con una mezcla de crayones y animación digital en El niño y el mundo (O Menino e o Mundo, 2013), segundo largometraje de Alê Abreu.

La travesía animada del joven protagonista, parábola sobre los peligros sociales y humanísticos de la industrialización, se exhibirá en la Sala 2, Salvador Toscano, de la Cineteca Nacional a partir del viernes 1 de enero, después de su paso por la 58 Muestra Internacional de Cine.

La película sigue a un niño que, después de que su padre dejó a la familia para irse a trabajar a la gran ciudad, sale de la aldea en donde vive y descubre el mundo fantástico de la metrópoli para reencontrarse con su progenitor. Con base en diferentes técnicas de animación que van desde el collage hasta los gráficos computarizados, la obra de Abreu retrata los problemas del mundo moderno y el contraste entre el campo y la ciudad.

Fue reconocida con el Premio a Mejor Largometraje Animado y el Premio del Público en el Festival de Cine de Animación de Annecy 2014, el máximo de su categoría en todo el mundo. Ambos galardones parecen dar fe del momento actual del cine brasileño, como lo comentó en su momento el director artístico del festival, Marcel Jean: «Se confirma la fortaleza creciente de la animación brasileña. El niño y el mundo es una señal de la vitalidad de esta cinematografía».

El filme nació durante la preparación de un documental titulado Canto latino, trabajo que Abreu no logró concluir. Se trataba de una investigación sobre la formación y la problemática de los países latinoamericanos: “Un día encontré en unos documentos un esbozo de este niño. Descubrí cuál era la historia de ese pequeño dentro del universo que estaba investigando”, declaró el director en entrevista para el Festival de Annecy.

A partir de entonces, la animación del nuevo proyecto fue diseñada para reflejar la manera en que un infante se expresa gráficamente: fondos coloridos, patrones geométricos, “monos de palito” y personajes irregulares hechos con pintura, gises y crayones.

El New York Times la declaró como “la mejor película infantil este año desde Intensa Mente (Inside Out, Pete Docter, 2015)”. En su reseña, Nicolas Rapold elogió la colorida manera en que se interpretan “las mortificantes megalópolis modernas” a pesar de la obviedad de la crítica social que hace el cineasta.

Además de su éxito en Annecy, su paso por la 58 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional y el Festival de Animación, Videojuegos y Cómic de Cuernavaca, El niño y el mundo ganó en la categoría de Mejor Guión en el Festival Internacional de Cine de El Cairo y el Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Shanghai.

 

 

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