Culmina INAHFest con divulgación de proyectos en pro del patrimonio documental y gastronómico tlaxcalteca


La Biblioteca Nacional de Antropología e Historia y el Centro INAH Tlaxcala han trabajado en acervos de Los Reyes Quiahuixtlán y San Mateo Huexoyucan.

Foto. Carmen Mondragón

* Las difusoras de la cocina tlaxcalteca, Yolanda Ramos Galicia y Helena Hernández de Valle-Arizpe, compartieron mesa en el cierre del INAHFest

Tlaxcala, México. En el cierre del INAHFest, mediante el cual el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través de la Coordinación Nacional de Difusión, celebró un encuentro con la ciudadanía y los visitantes de esta ciudad, se dieron a conocer proyectos de mediano y largo alcance que han permitido proteger, conservar, investigar y difundir el patrimonio documental y gastronómico que detentan comunidades de raigambre, saberes frágiles que deben recuperarse para su transmisión a las nuevas generaciones.

            Ejemplo de ello es la labor que profesionales de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH) y del Centro INAH Tlaxcala han llevado a cabo en Los Reyes Quiahuixtlán y San Mateo Huexoyucan, respectivamente, poniendo en valor y capacitando a gente en medidas para preservar documentos que narran la historia de estos pueblos: en los más antiguos, correspondientes al siglo XVI, está establecida su fundación y sus linderos, información clave para dirimir conflictos comunales actuales.

            El investigador del Centro INAH Tlaxcala, Nazario Sánchez Mastranzo, comentó que, por más de una década, en el Archivo de San Mateo Huexoyucan se han trabajado 185 expedientes con documentación que va de 1550 a 1917. “De este corpus, 70 fojas están en lengua náhuatl y 115 en castellano, y de estos últimos, un centenar ya ha sido transcrito, mientras que de aquellos en náhuatl se tiene 25 por ciento de avance”, indicó el también responsable de la transcripción.

Destacan además ocho pictografías como las genealogías de Chimalpa y la de Chichimecatl Quauhchichiquitecuitli, dos escudos –uno de ellos el de don Diego Tzoncoztecuhtli–, dos mapas y dos retratos. El contenido se divide en testamentos, pleitos de tierras, cartas de exposición, memorias y certificaciones, cuya conservación se ha efectuado paulatinamente por el conservador Ricardo Mendoza Santos, y el apoyo de su comisión vecinal, la cual con celo resguarda estos testimonios en dos antiguos arcones, los cuales también fueron restaurados.

            El interés de las comunidades es el punto de arranque de estas iniciativas. Otro ejemplo es el de las autoridades de Los Reyes Quiahuixtlán que, desde hace un año, reciben la colaboración de un equipo de la BNAH, coordinado por su director, Baltazar Brito Guadarrama, para poner en orden y dignificar el acervo documental del que se considera el cuarto señorío del territorio tlaxcalteca.

            El señor Eduardo Márquez Meneses, quien estuvo a cargo de este archivo, expresó su agradecimiento en el foro: “El equipo de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia vino a nuestro pueblo a cumplir esta misión. Soy testigo de que todos los trabajos se han llevado a cabo con calidad y capacidad pero, sobre todo, desde la amistad. Vinieron a orientarnos y enseñarnos a cuidar nuestros documentos porque, han de saber, los hay desde 1528; vamos a tres cuartas partes del trabajo y solo falta un último esfuerzo”.

            Brito Guadarrama refirió que el material intervenido contaba con un inventario general previo, avalado por las autoridades de la localidad. De esta manera, el proyecto se planteó por fases: verificación del inventario, priorización por importancia y temporalidad de los documentos, selección de aquellos a procesar, capacitación, limpieza e inventariado conforme a los lineamientos de la BNAH, digitalización, etiquetado de contenedores, resguardo de los originales y, finalmente, la entrega del inventario y las imágenes digitales.

            La digitalización de estas fojas permitirá mantener una mayor vigilancia de los materiales originales, y también publicarlos, lo que contribuye a su preservación.

Rica cultura alimentaria

La chef Helena Hernández de Valle-Arizpe compartió mesa con toda una institución dentro del estudio y difusión la de la gastronomía tlaxcalteca: Yolanda Ramos Galicia, autora del primer libro que abrió el tema y que va por su tercera edición: Así se come en Tlaxcala, en cuyas páginas recupera la diversidad de platillos y bebidas de su tierra.

            Por su parte, Helena Hernández ha publicado Memorias en mole de olla. Cocina y revolución en Tlaxcala, descargable en la plataforma “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y, a través de su asociación, Casa Tizatlán, se han ejecutado ocho proyectos involucrando a más de mil 200 personas de ese municipio: “El trabajo de educación alimentaria se debe hacer de forma intergeneracional, hemos trabajado con abuelos, que son los depositarios de la memoria gastronómica y enseñan a los más jóvenes a comer mejor”.

            Esta es la vía para que los ciudadanos ejerzan su derecho a la salud y a la alimentación, sostuvo la chef al finalizar que los tlaxcaltecas deben sentirse orgullosos de este legado, reflejo de ello es que recientemente el atole agrio de Ixtenco ganó el concurso “¿A qué sabe la patria?”, organizado por la Secretaría de Cultura federal, el cual junto con el mole de “matuma” o de ladrillo, también de Ixtenco, y el mole prieto de Contla y Santa Ana, son platillos únicos que Tlaxcala ha aportado al país y al mundo.



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